Mientras daba sus puntadas finales al discurso que deberá pronunciar mañana, al inaugurar el último año legislativo de su gestión, Mauricio Macri tuvo un contundente recordatorio sobre el cambio de clima político: en plena inauguración de una obra municipal, un obrero lo increpó y le pidió “por favor, hagan algo, la gente está decayendo”.

El episodio, que rápidamente se viralizó en las redes y se transformó en el hecho político del día, sintetiza la situación en la que se encuentra Macri desde el punto de vista comunicacional: como le dejó en claro el obrero, el argumento de la pesada herencia del kirchnerismo ya no resulta suficiente. Y hay un reclamo de un nuevo discurso esperanzador.

Pero claro, Macri tiene un problema: hace exactamente un año, ante un Congreso donde se respiraba aún la victoria de Cambiemos en las elecciones legislativas, pronunció uno de los pronósticos más errados en toda la historia política argentina. “Lo peor ya pasó y ahora vienen los años en que vamos a crecer”, había dicho el Presidente.

Macri podría verse tentado a repetir esa frase, pero corre serio riesgo de sufrir un efecto boomerang y que la arenga tenga el efecto opuesto al buscado. Cualquier frase que suene excesivamente optimista será objeto de que alguien recuerde su discurso de hace un año, como seguramente pasará en los medios y las redes sociales.

Hace un año, lo que marcaban los analistas era el cambio de tono del Presidente, que había aminorado las chicanas al kirchnerismo, así como las alusiones a la herencia de los desajustes económicos.

Más bien al contrario, eligió un discurso con la mira al futuro, en el que se notó el esfuerzo por identificar “brotes verdes” que denotaran el incipiente crecimiento del país.

“La inversión aumenta. El año pasado creció un 11% y es esa inversión precisamente la que nos garantiza que vamos a seguir creciendo, porque agranda nuestra capacidad para producir”, había dicho Macri.

La bancada oficialista lo festejaba con el cántico de “Sí se puede”, pero ya en ese momento, el comentario de la oposición era que el discurso presidencial parecía “desconectado de la realidad”.

Lo cierto es que Macri afirmaba que la mejora en los datos económicos eran posibles gracias a que la inflación iba en baja, a pesar de que en ese momento ya eran bien claros los síntomas de que los precios se aceleraban y que la meta de 15% anual fijada por el Banco Central no era considerada ni por el propio Gobierno.

Para colmo, a la hora de reivindicar algunos de los indicadores de mejora en el consumo, hubo un llamativo parecido con los datos que le gustaba esgrimir a Cristina Kirchner.

“Este enero tuvimos récord de venta de cemento, de asfalto, de autos, de autos usados, y de motos, de turismo y de vuelos de pasajeros”, se jactaba Macri, en uno de los pasajes más aplaudidos por la bancada oficialista.

Pero curiosamente, cuando estaba en la oposición, el macrismo apuntaba a que muchos de esos indicadores eran más un síntoma de los defectos que de las virtudes del modelo, porque se trata de los típicos rubros que explotan en un momento de atraso cambiario y de déficit fiscal fogoneado por la obra pública.

Como si todo eso fuera poco, el Macri versión 2018 se permitía algunas chicanas para quienes lo criticaban desde la visión liberal de la economía, y reivindicaba el triunfo del gradualismo sobre los pedidos de una política de ajuste.

“Ustedes escuchan que algunos nos critican por ir demasiado lento y otros por ir demasiado rápido. Los primeros piden un shock de ajuste. Y a ellos les digo que acá vinimos a reducir la pobreza y asegurarnos que ningún argentino pase hambre”, fue la frase del Presidente. Esto contrasta con la que tuvo que pronunciar luego del acuerdo “stand by” con el FMI, cuando reconoció que “el mundo nos pide que avancemos más rápido”.
A pedir de la bancada kirchnerista

Un año después, el contraste de aquellas palabras de Macri con la situación económica es tan fuerte que cuesta creer que esos párrafos hayan sido pronunciados hace tan poco tiempo. El “inicio del crecimiento” se transformó en una caída de 2,6%. Y, según los pronósticos menos oscuros –exceptuando el del presupuesto de Dujovne-, la actividad volverá a tener una baja de 1,6% este año.

Así, un discurso esperanzador y centrado en la economía se hace difícil por partida doble: por un lado, los datos muestran una realidad dura; y por otro, el recuerdo del tono optimista del año pasado hace que cualquier nuevo pronóstico sea puesto en duda.

Ni siquiera los rubros en lo que hasta ahora el Gobierno se había apoyado como para mostrar una mejora sustancial quedan en pie. Hace un año, Macri se jactaba de la explosión del crédito hipotecario para que la clase media pudiera acceder a la vivienda. Hoy, cualquier asesor sensato le aconsejaría evitar tocar el punto.

Y hasta el campo, en el cual están puestas todas las esperanzas para que oficie como motor de la recuperación, deja dudas sobre su velocidad de reacción. De momento, las estadísticas de comercio exterior marcan que el flamante superávit no se debe a una mejora en las ventas –un efecto que se esperaba tras la devaluación- sino por el desplome de las importaciones.

Lo cierto es que pocas veces un discurso inaugural del año legislativo había lucido más apetecible para una bancada opositora. Desde que Macri asumió, los parlamentarios del kirchnerismo y la izquierda han mostrado una predilección por recibir al Presidente con carteles de protesta, que dejan pegados en sus mesas para ser captados por las cámaras de TV.

Así, consignas tan disímiles como “No a los despidos en Conicet”, “Calcaterra es tu primo”, “Exijamos la soberanía de Malvinas”, “Protección a la producción industrial”, “Macri al gobierno, Magneto al poder” y “kilo de asado a $180” pasaron a formar parte del folclore político nacional.

Para este 1° de marzo, si habrá algo que no faltará a los diputados y senadores que responden a Cristina es motivos de inspiración. La inflación, los aumentos de tarifas, el endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional, las acusaciones de extorsiones en la Justicia, el incremento del desempleo en la industria, todo ofrece un amplio menú para las “chicanas”.
Un nuevo discurso económico

¿Qué hará Macri en esa situación? No tiene muchas opciones: la comparación con su discurso del año pasado le resta chances para un exceso de optimismo, pero el hecho de que sea un año electoral lo obliga a tener que optar por palabras que levanten la moral de la “propia tropa”.

“Su problema es que en su momento no habló lo suficientemente claro sobre la situación que había heredado de Cristina. Y ahora ya es tarde. Pero no puede eludir hablar de la economía, porque es la principal preocupación de la gente”, observa Diego Dillenberger, consultor en comunicación política.

Ante esa situación, el experto cree que lo conveniente sería abordar la economía sin centrarse tanto en los datos de la coyuntura, sino explicando una visión a largo plazo.

“Él tendría que explicar ya que tiene un plan económico, algo superador del gradualismo y de este ajuste. Y tiene que decir que el país necesita reformas estructurales, que justamente por no hacer esas reformas la economía entró en crisis”, agrega.

De hecho, algunos datos marcan que el Gobierno ya está yendo en esa dirección. La agenda legislativa que está impulsando el bloque de Cambiemos –y que Macri enumerará en su discurso- incluye un nuevo marco para las Pymes, que tendrán un alivio en su carga impositiva. Se prevé también el blanqueo laboral, con una amnistía para aquellos que efectivicen a su personal “en negro”.

Y, tal como sospechan los dirigentes sindicales, dentro de esa propuesta ya viene el esbozo de la flexibilización laboral, que hasta ahora el macrismo quiso instalar, sin éxito.

El propio Macri dio, en los últimos días, algunas señales sobre cuál es el discurso que está intentando articular. Al inaugurar una obra junto a la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, dijo que “hoy ya tenemos una economía que empieza a ordenarse” y reivindicó los recortes de subsidios tarifarios al afirmar que “no hay que mentirle más a la gente con que las cosas pueden ser gratis y al final las pagamos todos y mal”.

Pero acaso la frase que sintetiza el nuevo mensaje macrista para tiempos de crisis sea esta: “La gente está madurando, está entendiendo no lo que nos pasó el año pasado, lo que nos pasó durante los anteriores 15 años y los anteriores 30 años y que ahora vamos a recuperar el tiempo perdido llevándole certidumbre a la gente”.
Explotando la “grieta”

Pero el discurso de Macri tendrá espacio para repasar temas extra económicos que estarán en la agenda legislativa de este año. Y ahí es donde entra su oportunidad para volver a confrontar con el kirchnerismo.

Por caso, está previsto que se envíe un proyecto para reformar el Código Penal y el régimen penal juvenil, que baja la edad e imputabilidad a 15 años. Un tema que conecta con la inseguridad, una de las preocupaciones centrales de la población.

En la misma línea, se retomará el proyecto para prevenir el accionar de las “barras bravas” en el fútbol y castigar los vínculos con la dirigencia de los clubes.

Pero, sobre todo, la oportunidad del Presidente estará dada por el proyecto para hacer ley su decreto sobre Extinción de Dominio –que permite recuperar para el Estado bienes de acusados de corrupción-.

Hace una semana, cuando el peronismo ha votado en contra de ese proyecto al ser tratado en comisión parlamentaria, los dirigentes macristas fustigaran a la oposición en las redes sociales. Todo una demostración de cómo la “grieta” en torno a temas de corrupción seguirá marcando el terreno político.

Por caso, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, escribió en Twitter: “Se unieron para rechazar la extinción de dominio, una herramienta para sacarle los bienes a los que trafican y roban el dinero ajeno. Es importante que los argentinos nos unamos para evitar que reine la impunidad. Nosotros estamos del lado de la ley, no de las mafias”.

Es probable que Macri dedique parte de su discurso a ese tema que, sin que sea necesario mencionarla, tendrá una destinataria evidente: Cristina Fernández de Kirchner.

“Es seguro que él va a profundizar esa línea de confrontar con el kirchnerismo. Le dio resultado en el pasado y le va a seguir siendo funcional a su estrategia. Además, ante la falta de buenas noticias económicas, explotar la temática de la corrupción va a ser una buena opción”, observa Dillenberger.

La ahora senadora estuvo ausente el año pasado en el discurso del Presidente y todo indica que volverá a pegar el faltazo el viernes.

Lo cual, claro, no es obstáculo para que este 1° de marzo no vuelva a escenificarse la “grieta” en pleno Congreso nacional. A fin de cuentas, es la pelea que resulta funcional a las estrategias de ambos bandos.

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