“Las tasas de desocupación juvenil son un escándalo que no requiere solo de ser afrontado en términos económicos, sino que debe ser enfrentado también, y no menos urgentemente, como una enfermedad social, desde el momento en que a nuestra juventud se le roba la esperanza y se despilfarran sus grandes recursos de energía, creatividad e intuición”, aseguró el pontífice al encabezar una audiencia con miembros de la fundación “Centesimus Annus” en el Vaticano.

En su mensaje, el obispo de Roma también volvió a expresarse “particularmente cercano a la crisis de los migrantes”, frente a la que pidió “respuestas políticas, sociales y económicas de largo plazo por parte de la comunidad internacional para una problemática que supera las fronteras nacionales y continentales y que implica a toda al familia humana”.

“La lucha contra la pobreza no es por lo tanto sólo un problema económico, sino también moral, que llama a una solidaridad global y al desarrollo de un enfoque más equitativo hacia los necesitados y las aspiraciones de los individuos y pueblos de todo el mundo”, sostuvo Francisco en otro tramo de su alocución en la Sala Clementina del palacio Apostólico del Vaticano.

“Una visión económica orientada al beneficio y al bienestar material es, como muestra la experiencia cotidiana, incapaz de contribuir en modo positivo a una globalización que favorezca el desarrollo integral de los pueblos en el mundo, una justa distribución de los recursos, la garantía de trabajo digno y e crecimiento de las iniciativas privadas y las empresas locales”, agregó.

“Una economía de la exclusión y de la inequidad ha llevado a un gran número de personas descartadas como improductivas e inútiles”, lamentó Jorge Bergoglio en sus palabras ante miembros de la fundación que trabaja en la lucha contra la pobreza, y agregó que los efectos se perciben también en las sociedades más desarrolladas.

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